Gélidas escarlatas
humeantes gotas
redoblan campanas
sobre el tapete
mi ánimo bronco
pesadillas dispersas
de jugadas pasadas.
Un dólar de plata
las llaves de lo que fue
el alma haciendo gala.
Lo demás lo malgasté
escenificando una farsa
creyendo que atraería la suerte
como contrapartida
de amoríos de mala saña.
Sin plata en la madrugada
ni para un café amargo
refrigere la resaca
y menos para un whisky de malta
que absorba las penas estancadas.
El cuerpo subastado
sin más adversarios
que una silueta negra
etérea y callada
espera y reposa
sin prisa
sin pausa
a sabiendas
que escapistas no existen
y menos sin ganas.
La sangre menguada
al ritmo inalterable
que repartían cartas
con cada decisión
desgraciadamente
desacertadas.
Todo…
Nada…
En una carta.
La voltea…
Los ojos…
El rostro…
La rigidez del espasmo
la tensión palpitante
el corazón helado
El alma…
Siempre habrá un lugar
un campo de batalla
un tiempo estremecedor
una figura estancada
… La suerte
o la desgracia.
O.


A veces la vida es una ruleta rusa
O una jugada donde solo poseemos una carta
La apuesta servida
Avanzas o retiras
Fuerte abrazo Enrique
Me gustaMe gusta
Tu poema deja una huella fría y punzante, como si cada imagen fuese una ficha más en esa partida donde el alma se juega a sí misma. Hay versos que no solo se leen, sino que se sienten en el estómago: la madrugada sin plata, la silueta que espera, la carta que decide entre todo y nada. Esa mezcla de fatalismo y lucidez construye un ambiente que atrapa, casi como un susurro que advierte que la suerte nunca es inocente.
Gracias por esta pieza tan intensa; invita a detenerse, a mirar de frente esas batallas silenciosas que todos libramos alguna vez.
Un fuerte abrazo, poeta.
Me gustaLe gusta a 1 persona