Madrugada…

Momentos desperdiciados
para muchos
oasis para extraviados
entre meigas y espectros.

Esquinado y encorvado
sobre un tablón destartalado
acordes roncos de fodo
lejanos en eco
cómodos para proseguir su garabateo.

Carcomido cincel
mohoso servilletero
acopio de lienzos
diseñador de partituras
camarero de ideas
plasma el peregrino
la precariedad del momento.

Palabras…
Frases…
Se van entremezclando en su psique
sentidos contrapuestos digiriendo
crucigrama para el raciocinio
si es confuso o ingenuo.

Cómo expresar sin saber
con solo un detalle
debe imprimir fuerza
enarbolar coraje.

La inspiración deambula
entre el vértigo del taburete
el whisky de garrafón
y una colilla entre los labios.

¿Qué aprendió de la vida?
Se cuestiona inquisidor…
De las personas
De las circunstancias
De momentos pasionales
De instantes demoledores

Cuando más aprieta la soga
y va carcomiendo el tesón
desfalleciendo el empeño
… Algo en su interior
arrecia impertérrito.

En su esquina…
Con los mismos utensilios

Letras que recrean palabras
versos y poemas
deshabilitados por gélido presente
renacen como flechas del estío futuro

Letargo desperezado
donde afloran todos los sentimientos
cual ejército de luces
que desenvaina de su cerebro
enarbolando la algarabía
yuxtapuesta con el sosiego
cual tambores resuena
dejando sordo al eco.

Sientes la inmensidad del mundo
la profundidad del universo
el odio que extermina como Atila
sobre los profanadores de sueños.

O.

2 comentarios sobre “Madrugada…

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  1. Qué fuerza tiene esta madrugada que describes, esa mezcla de vértigo y lucidez donde las palabras parecen surgir no del pensamiento, sino de un territorio más hondo, casi ancestral. Hay en tu texto un pulso que late entre la precariedad y la resistencia, entre la sombra que aprieta y esa chispa interior que nunca termina de apagarse.
    Me ha gustado especialmente cómo conviertes lo cotidiano —un taburete, una colilla, un whisky áspero— en símbolos de un combate íntimo, de esos que nadie ve pero que definen quiénes somos. Al final, lo que emerge es un ejército de luces, como dices, que se abre paso incluso en los momentos más gélidos.
    Un texto que no solo se lee, sino que se siente.
    Un abrazo, poeta.

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