Buca un lugar tranquilo
Un sendero entre las montañas
Donde no exista alma alguna
Ponte una soberbia melodía
El volumen a tono despiadado
La gorra protegiéndte de la lloviza… O permite, sin ella, que te refresque la melena
Y comienza a motivar ese cuerpo serrano y esa sonrisa luminosa
Deslízante como si patinaras
Como si portases un dorsal alado
Inhalando aire refrigerante
Sin parar
Por nada que se te cruce
Materia o humano
Después de un intensivo
Y tempestuoso recorrido
… Vuelve a casa
… Una ducha caliente
Un café recién hecho
Y un tranquilizante silencio… O una vivarachera cháchara.
O.


Qué hermoso impulso el de este poema: ese “andar” que no es solo movimiento, sino una forma de despejar el alma. La imagen del sendero, la música a todo volumen y la lluvia refrescando la melena construyen un pequeño refugio donde el cuerpo se libera y la mente se aquieta. Y luego, el regreso: la ducha, el café, el silencio… o la charla vivaracha. Un recordatorio de que la vida también se compone de estos rituales sencillos que nos devuelven la calma y la sonrisa.
Ah, Queen, siempre.
Un abrazo, poeta
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👏👏👏
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De lo mejor, a mi criterio que ha dado la música, QUEEN!!!!!
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