Un claustro clausurado
Purgatorio de delirios incontrolados
Donde consciencia e inconsciencia se sustentan a diario
Entre realidad y sueño
En un anónimato transitorio de tiempo
Sordo el eco de los susurros
Lineal el diseño del latido
Un lugar acolchado
Donde no ejercer de estridente insecto
Revoloteando inquisidor
Colonizando un corchete palaciego
Desequilibrando la atmósfera del alma en calma
Inyectando pueril adrenalina al cuerpo
Sin permitir sosegar el paréntesis vital
Delineando un desequilibrio mental
Esperando que algún día
Expirados mis esquizofrénicos episodios
Se abra una rendija en el portón
Y una lozana voz entre alentando plácidamente el alma y el cuerpo
Pudiendo izarse y renacer de nuevo
Si por esa apertura entrase un sigiloso torrente gélido
Que vuelva a cerrase
Hasta que la transferencia bucal sea capaz de envolverlo
Rehabilitando la serena cordura que acompañe su esencia
Y la savia permanente de su presencia.
O.


Muchas gracias maestro por tus palabras
Un lugar donde la paz que relaje la dones a quien desees
Abrazo
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Qué fuerza tiene este viaje hacia dentro, Lys. Ese “claustro clausurado” que describes late como un territorio donde la mente se defiende, se esconde y a la vez se reinventa. Me ha impresionado cómo conviertes el desequilibrio en un espacio casi físico, acolchado, donde la conciencia y la inconsciencia negocian su tregua diaria.
Un texto que abraza la vulnerabilidad sin miedo y la transforma en poesía.
Un abrazo, poeta
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