Espectros de samuráis
Un tiempo grandiosos
Acabose su magnificencia
Postrados quedaron
Sin lugar… Sin tiempo definidos
Entre ancestros y descendientes
En un apocalíptico paréntesis
Únicamente sobreviven invernando
Durante las cuatro estaciones del año
Como almas perdidas en un carrusel independiente
Ni cielo… Ni infierno
Paraíso de guerreros obsoletos
Entre ambos su estancia con su lecho eterno.
(Olvidamos de dónde venimos
Nuestros pasado y antepasados
Sin saber que al igual que ellos
Seremos olvidados).
O.


Muchas gracias Enrique
A veces nos sumimos en un estado nenuloso
Ni aquí ni allí
En un lugar que no es el nuestro
Fuerte abrazo
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Qué fuerza tiene este poema. Esa imagen de los samuráis suspendidos entre tiempos —ni vivos ni del todo ausentes— resuena como un recordatorio de nuestra propia fragilidad. Somos herederos de historias que a veces olvidamos, viajeros entre memorias que se desvanecen.
Tu texto nos invita a mirar atrás con respeto y a reconocer que, como esos guerreros, también nosotros habitamos un paréntesis entre lo que fue y lo que será.
Un poema que deja eco y silencio, y en ese silencio, pensamiento.
Un abrazo, poeta
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