Que se preocupe por cada sensación y cada sentimiento del contrario. Que desee escuhar y hablar sin tiempo cronometrado. Comparta emociones y sensaciones, problemas y dificultades.
Que estuviese en todo momento, siendo el primer pensamiento, la primera presencia y el más íntimo deseo.
Que viaje al lado desde el primero al último pelaño, hasta alcanzar ese lugar y ese estado, que la vida ha negado en tantas ocasiones… Y que por un cortocircuito pasional, cegada por un instante, poder evadir del imán de su mandato y empezar de cero sin su contagio.
O.


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