Buenos días mi niña
Un susurro al oído se inmiscuye en tu sueño
Como un suspiro lejano atraído por tu pensamiento
Esparciéndose por tu interor
Como si de una corriente marítima se tratase
Va dando forma a tu fisonomía soñolienta
Recostando a tu vera
Oservando cómo te vas desperezando
Cómo va tomando forma tu presencia
Cuando el aroma a café vas inhalando
Diseñando una sonrisilla adormilada
Que va iluminando tu delicado semblante
Mientras con voz entrecortada
Exhalando un hilillo de voz
Que apenas consigue articular palabra
Me devuelves la reciprocidad de la corriente mañanera
Con un buenos días mi niño.
O.


Ese retual que si tuviese continuidad sería el paraíso en la tierra
Sencillos momentos que ensalzan el sentimiento
Muchas gracias maestro
Fuerte abrazo
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Qué delicadeza la de estos versos, LyS. Hay en ellos una ternura que se desliza despacio, como ese susurro que despierta sin romper el sueño. Me ha gustado mucho cómo conviertes un gesto cotidiano en algo casi ritual, lleno de luz y de presencia. Esa reciprocidad final, tan sencilla y tan íntima, resume perfectamente la esencia del poema.
Da gusto empezar el día con palabras que abrazan así.
Un abrazo, poeta.
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