Las heridas sanan
Los sentimientos no se destierran… Permanecen perennes en la mente
Se cura el hueco de la daga
De la flecha… Cómo el de una rosa enquistada… Si tampoco deseas desprenderte de ella
Se intercepta la hemorragia
Se saja el óseo mutilado
Invirtiendo la gangrena… Qué me dices del corazón… Y del alma… Cómo evitas que se desangre
Cómo lo amparas
Cómo la sustentas
… Si la añorada se marcha.
O.


Gracias a tí Enrique
Siempre un placer
Abrazo fuerte
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Cómo… a veces no hay respuesta posible. Las heridas cierran, sí, pero la memoria sigue latiendo por dentro, como esa rosa que uno no quiere arrancar del todo. Tu poema toca justo ese punto donde el dolor y el amor se confunden, donde el alma intenta sostenerse aun cuando lo añorado se aleja.
Un abrazo, poeta, y gracias por poner palabras a lo que tantos sentimos.
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