Sus miradas se entrelazan
Sus cuerpos desnudos se rozan
Mientras una niebla entre ambos se disipa
Él coge su mano
Posicionándola sobre su pecho
Idéntico recurso aplica con la de ella sobre el suyo
Dos palpitaciones que se encomiendan a un examen específico
Dos cuerpos que se observan
Mientras va transcurriendo el tiempo
Estridentes latidos primerizos van dosificándose
Recreando los autóctonos de cada contraparte
Fluctuando del uno al otro al unísono
¿Habrá concatenación latente
Reproduciendo la misma sinfonía?
Sus ojos no necesitan palabras
Son las sensaciones las que hablan
En esa escena que recrean
En esa pasión que emana.
O.


Qué intensidad tan delicada la de este poema. Dos cuerpos que no necesitan palabras, solo el pulso compartido, ese latido que primero se desborda y luego encuentra su ritmo común. Me ha gustado cómo la autora convierte un gesto tan simple como unir las manos en un lenguaje propio, casi ritual, donde la pasión no estalla: respira.
Hay una intimidad limpia, contenida, que ilumina la escena sin romper su misterio. Un texto breve, pero lleno de verdad.
Un abrazo, poeta.
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