Invitada #Reload

Un día volvió
cuando hubo jurado
haber saciado
con la mano sobre el templo
su feroz obsesión
por la joya de mi pecho.

Sin aspavientos
por la puerta trasera
regresó.

Sin apabullarme
de a poco fue rebañando
retazos de mi corazón.

No le fue suficiente
el destrozo anterior.

Imperiosa ansia
por acometer la embestida definitiva
dejar en jaque mate la situación
socavando cualquier atisbo de resurrección.

Motivándose 
a medida que satisfacía
por mis reacciones
por mi apatía
por el insignificante empaque
que mi escafandra permitía
el completo derrame
de mi aorta predilecta
última defensa
ante la crucifixión.

Sin nadie que la sometiera
del esqueleto corporal se adueñó.
Ni carne
ni músculos
ni otra dimensión póstuma
consiguieron alterar
el prólogo de la sumisión.

Azul marino
satisfizo su sed de posesión
vía perfecta
condenado a su expansión.

Tras cuerpo
en mente desembarcó.
Mudo de terror
silencio acogedor
acaté consenso impuesto
permitiendo derogar los sentimientos
desbrozar los sentidos
acallar el eco de mi imaginación.

Ensoñación perpetua
encasilló su implacable silueta
en la agonía de mi sinrazón.
Siempre ella
nunca yo.

Selló la trasera
la principal a su merced quedó
nadie más que ella
de en cuando regresó.

Únicamente
una escueta visita
una sutil misiva
para reconocer
el estado de mi obsesión.

Siempre ella
nunca otra
jamás yo.

 

O.

Poesía

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