Ofrenda

De qué sirve desgañitarse
chasqueando latidos al vacío
siendo más anestésica la botella
menos enamoradizo el banco
la noche silenciosa compañera
una fotocopia demoledora
savia naufragando por venas.

Un trago amargo… Diluyendo
expatriado el cuerpo del cielo
desvariando junto a la hoguera 
expoliando los sentimientos
desluce irónico el suspense
atolladero temporal
incrustación maquiavélica en la mente.

Reposa… El viandante
tras la travesía desértica
encorvado en el regazo de una lápida
descriptiva de una condena
del tiempo
del espacio
de los recuerdos asociados
amontonados e inquietos
bajo el pantanoso deseo
de sellar la prórroga
la fosa permeable se aferra.

Espinazo quebrado
radiografía de una contienda
por dudar de la contraseña
sospechando incrédulo
que no será hermética.

Un segundo trago
la dantesca escena
empatía demencial genera.

Tras pedir de rodillas que no aconteciera
rogándole que no lo permitiera
que fuese condescendiente
que el dolor menguase
que no persistiese
que permitiera…

Un tercer trago exhala violencia
desata el odio lingüístico
verborrea exacerbada
párpados soñolientos arrecian
lágrimas de impotencia encharcan las voces bajeras.

Las pastillas a mi lado
La botella…
Medio vacía
medio llena.

Mirando…
Arriba
abajo
… El infinito purgatorio como última ofrenda.

O.

Poesía

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