Ahora…

Cuando acecha el instante
te sometes impertérrito
ante el escudriñante análisis
de tu propia mirada
cual si fuese ajena
tus pupilas ennegrecidas
tan opacas como tu carcasa
tu sonrisa inexistente
una intransigente mueca
delimitado tu máscara
el mentón encriptado y altanero
desafiando tu auditoría
sin un ápice de complicidad
con tu enfrentada.

Quizás llegó la hora
de peregrinar en la góndola
con dos como anteojos
y una como dentadura
como comparsa al barquero
que te ha de encallar
en tu consecutiva etapa.

Tal vez encuentres
una humilde morada
donde dar reposo a tu alma
sanar las heridas recibidas
nunca recicladas
ni cicatrizadas
por la premura de la vida
remendar tu circunspecto corazón
y restaurar tu maltrecho cuerpo.

Probablemente encuentres
lo que tanto has ansiado
aquello que te arrebataron de pequeño
nostalgia o morriña
melancolía o añoranza
y sosegadamente
seas capaz de sopesar
cómo custodiarás la espada.

O.

Poesía

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