Vida…

¿Qué no entendemos?
¿Qué no comprendemos?
… La vida es una guerra continua
Un sumatorio de batallas

Alguien diría…
«Ójala no hubiese que librarlas
Siendo todo paz y tranquilidad
En un afrodisíaco paraíso perenne
Donde la vida se amoldase
A nuestros deseos
Sin más obligación
Sin más esfuerzo
Que difrutar del sosiego»

¿Dónde involucraríamos los sentimientos?
… Esos que nos hacen humanos
Que nos permiten vivir viviendo
Con sus alegrías y tristezas
Con sus risas y lágrimas
Visicitudes cotidianas
Que nos declinan o no exaltan
Sin discusiones ni reproches
Sin reconciliaciones ni contubernios
En una cháchara cafetera
O en una danza bajo la sábana

Del frenesí emocional al estancamiento pasional
entre mentes delirantes o matemáticas

De un sumatorio aleatorio
donde el destino no está escrito
donde el aquí es ahora
y el ahora se adentra
En los latidos genuinos
que las almas retratan

Donde la elección de uno u otro camino
del destino que se ha de diseñar
de un sinfín de sensaciones
recorriendo nuestras venas
del corazón a la cabeza
sin torniquetes ni cerraduras
que permiten que confluyan
exhalando e inhalando
sin poderlas encadenar

Ese instante…
Que…
Una mirada al azar
una palabra al eco
un encuentro inesperado
un…
una…
Desencadenado por «algo»
Sin entenderlo ni buscarlo
transgrediendo nuestro raciocinio
permutando la batalla
virando el devenir de la guerra

… Ahí está la emoción de la vida
simple o anárquica
en ese cúmulo de visicitudes
que a diario nos rodean
permitiéndonos degustarla.

O.

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